El peso de la asignatura en España
Vamos a la cola de Europa en horas dedicadas a la asignatura de Educación Física, especialmente en educación secundaria, muy por debajo de la recomendación mínima de tres clases semanales. Ya en 2013, el estudio europeo Eurydice advertía que en ESO, la asignatura supone solo el 3% o 4% del horario curricular, comparado con el 14% de Francia, y cerca del 20% de Finlandia. “Moverse entre clases debería ser una obligación; incorporar más horas de Educación Física tendría que ser una medida prioritaria del gobierno”, añade Arufe. Esa es la línea de la OMS, que sugiere un compromiso político sostenido y la colaboración de todos los actores de la sociedad para mejorar la calidad de vida de los niños y adultos. Pero la LOMCE traslada a cada comunidad autónoma la competencia de decidir la cantidad de horas dedicada a la asignatura. Por lo general, en educación primaria, la mayoría de los colegios ha optado por dos o tres horas. Siguen sin ser las recomendadas, pero en su defensa, hay que señalar que en estas edades, el recreo es activo y existen otros momentos de la jornada en los que se promueven actividades que incorporan juegos, saltos, bailes, etc.
Sin embargo, todo acaba al llegar al instituto: en ESO se imparten dos horas lectivas a la semana y una en 1º de Bachillerato. En 2º, ni eso, porque es optativa. Todo esto a una edad tan determinante en la que mayores y mejores efectos podrían tener los beneficios del ejercicio. “A esta asignatura solo se le da una minúscula propina de dos horas a la semana”, comenta Víctor Arufe. “El día en que las escuelas incorporen 30 minutos de actividad física cada hora y media de clase teórica, mejoraremos el rendimiento social, afectivo, emocional, cognitivo y físico de los niños”, señala. No solo a los expertos no le salen las cuentas. P.G.tiene 15 años y va a 3º de la ESO, en un instituto público de Madrid. “A esas dos horas semanales hay que restar el tiempo de desplazamiento al gimnasio o pabellón, el cambio de ropa y aseo en los vestuarios. Ah, y las clases teóricas que hacemos en el aula y sentados”. Porque sí, sí, sí. Hay una parte de teoría, que sería muy bienvenida, si no fuéramos tan pillados de tiempos. P.G. tiene sus horas de deporte “cubiertas” porque practica extraescolares de fútbol y voleibol, pero cuenta que muchos de sus compañeros “no hacen más ejercicio que el del instituto”. En efecto, el estudio Eurydice corrobora que casi el 80% de los niños solo se ejercita en su centro educativo. Esta carencia se extiende a todas las etapas formativas. “Muchos centros de Educación Infantil solo ofrecen una hora semanal de psicomotricidad”, señala Arufe.
Aprender jugando
“La actividad física –continúa el experto- debe servir para que los niños se diviertan, aprendan jugando. Lo ideal sería trabajar en las etapas tempranas todas las habilidades motrices como correr, saltar, trepar, gatear, reptar, lanzar, girar… Y en etapas superiores, empezar con el trabajo de la mejora física: fuerza, velocidad, resistencia, flexibilidad, sin abandonar aspectos como autoestima, autoconocimiento, gestión emocional, motivación y el respeto a las normas y valores. El objetivo es promover lo mejor de cada niño. La Educación Física debe ser un medio motivador para que los niños practiquen deporte más allá del aula. “Si un ‘profe’ consigue que sus alumnos incorporen el deporte a su estilo de vida, se ha de dar por recompensado. Habrá conseguido aportar un ciudadano saludable a la sociedad”.
Buenas iniciativas
Pero no todo está perdido. Hay acciones que dibujan una línea esperanzadora en este sentido. La Escuela Ideo, de Madrid, por ejemplo, acaba de presentar su candidatura a la XII edición de los premios NAOS, de la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN), que reconocen a los programas cuyos objetivos impulsen la prevención de la obesidad y otras enfermedades derivadas, a través de la alimentación y la práctica regular de actividad física. El director del centro, Jose Canales, cuenta que el proyecto que lleva funcionando en Ideo varios años, incorpora cinco horas de Educación Física a la semana en primaria y cuatro en bachillerato. “Los procesos que se evalúan suelen ser los cognitivos y parece que el resto no importara. Pero la actividad física diaria ayuda al desarrollo personal y social más equilibrado del individuo, mejora la autoestima y la empatía con el otro y potencia el trabajo en equipo. Eso hace que la asignatura sea una propuesta atractiva y transversal del desarrollo holístico del niño”. La jornada escolar del centro en primaria es de 9 a 17, lo que facilita esta inclusión en la carga curricular. Sin embargo, en Bachillerato el horario es de 8 a 14:15 y dedican cuatro horas a la asignatura, sin perjudicar al resto de materias. “La actividad motriz –señala Canales- es una fuente inigualable de aprendizaje, una herramienta lúdica que permite gran motivación en todas las áreas”.
La idea no es restar a la carga lectiva, sino sumar alternativas atractivas para los alumnos, pensadas de manera transversal, incluso en aquellos a quienes no les gusta el deporte, pero que pueden contar con esta herramienta clave para su salud y desarrollo integral.
La información está extraidad de la página del País.