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La importancia de la empatía en la profesión docente

En esta entrada, igual que en otras, se dan consejos a los docentes. Espero que os sean útiles.

 

Los docentes son una parte muy importante del proceso de enseñanza-aprendizaje, así como del desarrollo académico de los estudiantes. Unos son capaces de dejar una huella más marcada en la vida de sus alumnos, pero ¿alguna vez te habías parado a pensar por qué? En la empatía podría estar la respuesta.

A menudo, se atribuye el éxito de la educación finlandesa al gran respeto de sus habitantes por los docentes y por la profesión de la enseñanza. ¿Tendrá algo que ver en esta cuestión la empatía y el vínculo que consigue crear el profesor con el alumnado en clase más allá de lo meramente académico? ?

El valor de la empatía

El estudio ‘Finish First Steps’ (‘Primeros Pasos’) llevado a cabo por la Universidad de Jyväskylä y la Universidad de Turku, ambas finlandesas acaba de refutar la hipótesis. Aunque no ha acabado, ya ha arrojado sus primeros resultados: el valor de la empatía en los docentes ejerce un fuerte poder sobre los estudiantes porque les motiva, les estimula y es clave para su desarrollo académico.

Según el informe, la capacidad de los profesores de ver más allá de los resultados académicos y los rostros de los alumnos es muy importante para conseguir una formación de calidad. Un ejemplo de los resultados de llevar a cabo esta práctica lo encontramos en Diego Ojeda, docente de Inglés jubilado que centró sus clases en establecer un buen vínculo con sus estudiantes. Bajo su punto de vista, “no tiene sentido que alguien utilice herramientas innovadoras y que, sin embargo, considere a sus estudiantes solo como sujetos descontextualizados”.

Aunque solamente se están midiendo los resultados en niveles educativos superiores, uno de los investigadores afirma en una nota de prensa lanzada por esta universidad que en los primeros años de infancia, el niño debe tener una relación segura con su maestro. El motivo es que ésta no solo protege la imagen de los niños como aprendices, sino también contra la exclusión social de los compañeros.

Por qué tendría que haber más horas de Educación Física en los colegios

Es una de las asignaturas más relegadas del currículo escolar. Pero sus beneficios deberían suponer una razón más que suficiente para convertirse en una de las protagonistas

“Si pudiéramos poner en una píldora todos los beneficios del ejercicio físico, tendríamos un gran fármaco a nuestra disposición”. Un todopoderoso. Así se refiere el pediatraDr. Gerardo Rodríguez a los efectos positivos de mover el cuerpo. Entonces, ¿por qué en la escuela la asignatura de Educación Física tiene tan poco peso? ¿No sería el mejor escenario para hacer ejercicio? No hablamos de preparar a nuestros hijos para la alta competición ni récords olímpicos. Mucho menos hablamos de quitarles su tiempo libre, de juego, ocio o descanso, que es sagrado. Simplemente hablamos de que, aun conociendo el poder preventivo y curativo del ejercicio, parece un sinsentido dejar la asignatura tan aparcada como está en el currículo actual. “Estamos aprovechando solo un 10% de su potencial”, reclama Víctor Arufe, docente, investigador y director de la Unidad de Investigación del Deporte Escolar, Educación Física y Psicomotricidad (UNIDEF), de la Universidad de A Coruña.

El peso de la asignatura en España

Vamos a la cola de Europa en horas dedicadas a la asignatura de Educación Física, especialmente en educación secundaria, muy por debajo de la recomendación mínima de tres clases semanales. Ya en 2013, el estudio europeo Eurydice advertía que en ESO, la asignatura supone solo el 3% o 4% del horario curricular, comparado con el 14% de Francia, y cerca del 20% de Finlandia. “Moverse entre clases debería ser una obligación; incorporar más horas de Educación Física tendría que ser una medida prioritaria del gobierno”, añade Arufe. Esa es la línea de la OMS, que sugiere un compromiso político sostenido y la colaboración de todos los actores de la sociedad para mejorar la calidad de vida de los niños y adultos. Pero la LOMCE traslada a cada comunidad autónoma la competencia de decidir la cantidad de horas dedicada a la asignatura. Por lo general, en educación primaria, la mayoría de los colegios ha optado por dos o tres horas. Siguen sin ser las recomendadas, pero en su defensa, hay que señalar que en estas edades, el recreo es activo y existen otros momentos de la jornada en los que se promueven actividades que incorporan juegos, saltos, bailes, etc.

La adolescencia, la etapa crucial

Sin embargo, todo acaba al llegar al instituto: en ESO se imparten dos horas lectivas a la semana y una en 1º de Bachillerato. En 2º, ni eso, porque es optativa. Todo esto a una edad tan determinante en la que mayores y mejores efectos podrían tener los beneficios del ejercicio. “A esta asignatura solo se le da una minúscula propina de dos horas a la semana”, comenta Víctor Arufe. “El día en que las escuelas incorporen 30 minutos de actividad física cada hora y media de clase teórica, mejoraremos el rendimiento social, afectivo, emocional, cognitivo y físico de los niños”, señala. No solo a los expertos no le salen las cuentas. P.G.tiene 15 años y va a 3º de la ESO, en un instituto público de Madrid. “A esas dos horas semanales hay que restar el tiempo de desplazamiento al gimnasio o pabellón, el cambio de ropa y aseo en los vestuarios. Ah, y las clases teóricas que hacemos en el aula y sentados”. Porque sí, sí, sí. Hay una parte de teoría, que sería muy bienvenida, si no fuéramos tan pillados de tiempos. P.G. tiene sus horas de deporte “cubiertas” porque practica extraescolares de fútbol y voleibol, pero cuenta que muchos de sus compañeros “no hacen más ejercicio que el del instituto”. En efecto, el estudio Eurydice corrobora que casi el 80% de los niños solo se ejercita en su centro educativo. Esta carencia se extiende a todas las etapas formativas. “Muchos centros de Educación Infantil solo ofrecen una hora semanal de psicomotricidad”, señala Arufe.

Aprender jugando

“La actividad física –continúa el experto- debe servir para que los niños se diviertan, aprendan jugando. Lo ideal sería trabajar en las etapas tempranas todas las habilidades motrices como correr, saltar, trepar, gatear, reptar, lanzar, girar… Y en etapas superiores, empezar con el trabajo de la mejora física: fuerza, velocidad, resistencia, flexibilidad, sin abandonar aspectos como autoestima, autoconocimiento, gestión emocional, motivación y el respeto a las normas y valores. El objetivo es promover lo mejor de cada niño. La Educación Física debe ser un medio motivador para que los niños practiquen deporte más allá del aula. “Si un ‘profe’ consigue que sus alumnos incorporen el deporte a su estilo de vida, se ha de dar por recompensado. Habrá conseguido aportar un ciudadano saludable a la sociedad”.

Buenas iniciativas

Pero no todo está perdido. Hay acciones que dibujan una línea esperanzadora en este sentido. La Escuela Ideo, de Madrid, por ejemplo, acaba de presentar su candidatura a la XII edición de los premios NAOS, de la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN), que reconocen a los programas cuyos objetivos impulsen la prevención de la obesidad y otras enfermedades derivadas, a través de la alimentación y la práctica regular de actividad física. El director del centro, Jose Canales, cuenta que el proyecto que lleva funcionando en Ideo varios años, incorpora cinco horas de Educación Física a la semana en primaria y cuatro en bachillerato. “Los procesos que se evalúan suelen ser los cognitivos y parece que el resto no importara. Pero la actividad física diaria ayuda al desarrollo personal y social más equilibrado del individuo, mejora la autoestima y la empatía con el otro y potencia el trabajo en equipo. Eso hace que la asignatura sea una propuesta atractiva y transversal del desarrollo holístico del niño”. La jornada escolar del centro en primaria es de 9 a 17, lo que facilita esta inclusión en la carga curricular. Sin embargo, en Bachillerato el horario es de 8 a 14:15 y dedican cuatro horas a la asignatura, sin perjudicar al resto de materias. “La actividad motriz –señala Canales- es una fuente inigualable de aprendizaje, una herramienta lúdica que permite gran motivación en todas las áreas”.

La idea no es restar a la carga lectiva, sino sumar alternativas atractivas para los alumnos, pensadas de manera transversal, incluso en aquellos a quienes no les gusta el deporte, pero que pueden contar con esta herramienta clave para su salud y desarrollo integral.

La información está extraidad de la página del País.